jueves, 2 de septiembre de 2010

Septiembre

No sé si tú lo vives igual que yo, pero el verano suele ser una época de conflictos. Lo hablaba el otro día con unas amigas y a ellas les pasaba lo mismo: conflictos con la pereja, con la familia, en el trabajo... Una de ellas me decía que era porque el verano es una época de cambios y los cambios generan conflictos. Otra opinaba que llegamos agotados al verano después de todo el año. Y una tercera, que estos conflictos se ocasionan porque en verano salimos de nuestras respectivas cuevas invernales y nos relacionamos más.

Puede ser que todas ellas tengan razón, no lo sé. El caso es que mi verano ha estado ( y está aún) cargado de conflictos. Y el problema es que a mí, como a casi todas las mujeres, no nos gustan los conflictos. A riesgo de caer en tópicos, creo que en general, las mujeres somos conciliadoras y buscamos la armonía.

Esto es una virtud la mayoría de las veces,, pero también un defecto si nos impide luchar cuando debemos hacerlo. "Prefiero morir de pie que vivir de rodillas", me dice siempre otra amiga. Y tiene toda la razón. Claro, que es importante elegir las batallas que peleamos, porque sino nos agotaríamos, pero también es importante luchar por lo que creemos y deseamos cuando merece la pena.

Aunque me cueste, aunque te cueste. Además, he descubierto que el conflicto también tiene aspectos positivos cuando los resuelves: una mayor cercanía con la persona implicada, mayor comprensión por parte del otro y de ti misma, y también un aumento de tu autoestima por haber luchado por lo que considerabas que merecías y no haberte amendrentado. Eso sí, en los conflictos como en todo en esta vida, también hay reglas que no se deben romper si quieres triunfar. La más importante: el respeto.


Cosmopolitan

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